Beatrix López es una de las cantantes más representativas de la escena del rock cubano. Fue fundadora de la banda Tesis de Menta junto al guitarrista y compositor Roberto Perdomo, imprimió su personalidad al underground insular y sentó pautas en los escenarios locales. Tras radicarse en Miami, Estados Unidos, continuó su carrera con el grupo Liquid Roots, en el que sigue manteniendo la misma fuerza interpretativa con la que defendió su obra en el rock nacional.
En esta entrevista con Human Press repasa su trayectoria desde sus primeros vínculos con la música en Cuba, su experiencia al frente de Tesis de Menta, los retos del rock en un contexto complejo y cómo la emigración y la diáspora han influido en su desarrollo artístico, su libertad creativa y su vínculo con la escena de la isla.
Tu voz ha sido una de las señas de identidad más reconocibles de tu carrera. ¿Cómo comienzan tu formación musical y tus primeros vínculos con la música?
Mis primeros vínculos con la música empezaron en casa, con los adultos escuchando la música que a cada cual le gustaba, música bien variada porque vivíamos varias generaciones en el mismo hogar, cosa muy común en las familias latinas.
Pero la música que más influencia tuvo en mí fue el rock & roll que mis hermanos, mayores que yo, y sus amigos escuchaban en mi casa cuando se reunían. Yo siempre quería estar con ellos y me gustaba escarbar en sus cosas. Tenían pósters de Iron Maiden, de Judas Priest. Siempre recuerdo la placa de Meat Loaf del disco Bat Out of Hell, que tiene una moto y un murciélago; esa portada me impresionó. También ellos escuchaban una variedad tremenda de rock: lo mismo escuchaban Led Zeppelin, que Iron Maiden, que Journey. Ellos no tenían limitaciones en su escucha, y de ahí vienen mis primeros vínculos con la música.
Por otro lado, mi formación musical creo que comienza con mi padre, que tenía una tremenda voz, muy afinado, y gracias a él escuché mis primeras arias de ópera. Fue el primero que me enseñó de interpretación, impostación y colocación, y fue el primero que me sentó en un piano y me enseñó a entender las notas.
Yo canto de toda la vida; en la ducha, como todos, hice mis primeros conciertos. En las actividades de la escuela y en las fiestas familiares me tocaba cantar en los karaokes. Ya de adulta comencé a recibir clases de canto con la soprano y maestra, ya fallecida, Gladys Puig, que me preparó para los exámenes de la escuela de música, y cuatro años después me gradué de canto lírico con ella.
Vienes de una formación académica, pero eliges el rock como lenguaje principal. ¿Cómo se articulan esas dos dimensiones en tu camino artístico?
Bueno, desde mi punto de vista, si quieres estudiar canto en Cuba y cantar rock, tienes que estar muy claro de lo que quieres, conocerte muy bien y no dejarte influenciar por las estructuras antiguas que algunos maestros pueden tener en la enseñanza del canto.
Yo, particularmente, fui una alumna muy dedicada y muy estudiosa, pero siempre elegí por mí misma las obras que quería interpretar dentro de los estilos que teníamos que examinar. Sabía que no todo se cantaba con la técnica lírica, y casi nunca estaba de acuerdo con lo que mi maestra elegía para mí, porque yo tengo que sentir lo que canto; no puedo interpretar si no me llena la canción. Así mismo elegí todo el repertorio de mi graduación.

En mi caso, creo que lo que sucedió es que entré a la academia a los 22 años y ya tenía el rock como lenguaje principal. Ya había cantado en una banda de rock que se llamaba Nexus, luego con Michel Peraza, un cantautor de Santiago de las Vegas.
Pero la academia fue muy importante para mí, me ayudó a entender la música desde el punto de vista teórico y me enseñó a conocer mi aparato fonador y mi cuerpo como cantante. Para mí, el canto es uno solo: las técnicas pueden variar según lo que vayas a cantar, pero todos los cantantes usamos las mismas partes del cuerpo como instrumento.
Y en cuanto a mi elección de cantar rock, como ya te mencioné en la pregunta anterior, viene desde niña. En mi casa me enseñaron a pensar, a decidir por mí misma, a no imitar a los demás, a ser consecuente y auténtica. Y el rock es eso: es auténtico, es un grito, es expansivo, no tiene límites, no es enquistado; el rock fluye y les permite a otras expresiones ser parte de él y transformarse. Es evolución, por eso no ha muerto; el rock es libertad.
Tesis de Menta marcó una etapa clave del rock cubano contemporáneo. ¿Cómo llegas a ese proyecto y qué significó para ti formar parte de la banda?
Tesis de Menta fue indiscutiblemente muy importante para mí, yo soy parte del embrión del que se formó. Roberto Perdomo y yo fuimos pareja muchos años, y nuestra relación comienza dos años antes de la formación de Tesis de Menta. Durante ese período fue germinando la idea de hacer una banda.
Roberto ya tenía algunos demos grabados y empezó a defender sus canciones en algunos sitios más bien de corte trovadoresco, y yo le hacía los coros. En ese entonces yo aún estaba en la academia y tenía mucho material que estudiar y no podía involucrarme en otra cosa; así que decidimos arrancar cuando yo acabara, y mientras fuimos buscando músicos interesados hasta que tuvimos lista la primera alineación.
Ahí, con la banda ya formada, surge el nombre de Tesis de Menta. Fue un sueño en conjunto que sacamos adelante y nos permitió realizarnos. Así que imagínate cuán importante pudo haber sido Tesis de Menta para mí: ahí me desarrollé, pude poner en práctica todo lo que había aprendido, fue donde me encontré a mí misma como cantante e intérprete. Se nota la madurez de mi voz y de mi interpretación en los discos que grabé: desde el primer concierto en vivo que se grabó en el cine Acapulco, el demo Mundo Real, hasta el disco LUZ, que fue el último disco que grabé.
Tesis de Menta es mi comienzo como cantante profesional y tuve la oportunidad de darle forma y vida a canciones creadas por Roberto, canciones que han quedado plasmadas por mi voz en la historia del rock cubano contemporáneo.
¿Cómo recuerdas aquella etapa de conciertos, grabaciones y visibilidad dentro de Cuba, en un contexto a menudo complejo para el rock?
En la actualidad sigue siendo complejo todo para el rock en Cuba, pero en el momento que se creó Tesis de Menta diría que era peor, porque no nos aceptaban las empresas musicales y, ya sabes, para cobrar hay que pertenecer a una empresa, y a su vez esas empresas te exigían que tuvieras alguna formación musical académica, y por lo general los músicos de rock en Cuba y en el mundo no tienen formación académica.
Tuvimos que tocar gratis por cinco o seis años, desde el 2003 hasta el 2008 si mal no recuerdo, que entramos al catálogo de la Agencia Cubana de Rock, y aun así ganábamos bien poco porque la empresa cobraba el 18 % cuando la paga era en moneda nacional y el 50 % cuando era en divisa.
Pero en general fue una gran experiencia: hacer lo que uno ama siempre es reconfortante, aunque no ganes mucho, aunque no ganes nada, aunque haya muchas dificultades. Al final del día no hay nada más liberador y que le llene más el alma a un músico que hacer lo que ama y estar en un escenario; en ese momento no estás pensando cuánto vas a ganar, no estás pensando en nada, en ese momento estás viviendo al 100 %.
Ser una mujer al frente de una banda de rock en Cuba implicaba romper esquemas. ¿Qué desafíos y aprendizajes te dejó esa experiencia?
La verdad, nunca he pensado en eso; cierto es que por ese entonces no había muchas mujeres cantando en bandas de rock, y menos cantando temas de autoría, porque a pesar de que Tesis de Menta tocaba algunos temas clásicos del rock, la mayoría de los temas eran de la autoría de Roberto, y para divertirnos tocábamos temas de bandas clásicas que nos gustaban.
En cuanto a los desafíos, creo que fueron más bien en la parte de la resistencia y la paciencia para mantener a la banda andando. Pero yo, como cantante, tenía y tengo la fuerza escénica que se necesita para cantar rock-blues, y a estas alturas lo que me proponga cantar, mi carácter me ayuda en eso.
Todos esos años lo que hicieron fue foguearme más, y también aprendí mucho en lo relacionado con estudios de grabación, programas de televisión, la radio, y los escenarios que no todos son iguales. Cada escenario, cada concierto y cada público es un reto y una nueva experiencia cada vez.
En los últimos años, la migración ha impactado fuertemente la escena cultural cubana. Desde tu perspectiva, ¿cómo ha afectado específicamente al rock?
Yo, la verdad, creo que muchos se van y otros surgen, y así ha sido siempre. Yo sigo la escena cubana de rock porque tengo muchos amigos allá y viendo sus presentaciones en las redes veo que hay caras antiguas y caras nuevas, y todos están ahí dándole palo a la mula, luchando por sus sueños y por su pasión.
Yo creo que la emigración no es lo que más afecta a la escena del rock en Cuba, aunque sí es cierto que cuando se te va un músico y tienes que buscar un reemplazo, prepararlo y que se inserte en la banda, es engorroso. Después de que te pasa una serie de veces te dan ganas de tirar la toalla; en Tesis de Menta esa fue una constante: una vez se fueron tres músicos, uno detrás del otro, el mismo año, y sustituirlos fue una tarea titánica que Roberto y yo tuvimos que asumir con mucho sacrificio y luchando con la decepción y el desencanto.
Creo que en realidad lo que más afecta es lo que siempre ha afectado a la escena rockera, en mayor o menor medida, porque cada tiempo es diferente. Pero aún se mantiene la falta de espacios dedicados al rock, la falta de respeto de las instituciones para con los músicos de rock, que no los valoran ni los creen músicos reales, no les pagan en tiempo y, cuando les pagan, es una miseria.
También hay la poca adquisición de instrumentos, amplificadores, líneas, cuerdas, etc., y la poca disponibilidad monetaria para adquirirlos cuando no tienes casi dinero para comer, que es una necesidad fisiológica.
Hay que esforzarse mucho y sacrificar mucho por lo que amas. Lo sabré yo, que durante aproximadamente seis o siete años mi padre, que vivía ya aquí en los Estados Unidos, iba una vez al año a Cuba y antes de irse me dejaba una suma de dinero para que yo viviera, porque Roberto y yo vivíamos solos y no teníamos entrada económica, ya que como te comenté antes, no pudimos cobrar por nuestro trabajo hasta varios años después de fundada la banda.
Recuerdo que una gran parte de ese dinero fue destinada a la compra de guitarras, pedales, cuerdas, cables, micrófonos, los equipos por donde salían Roberto, el bajista y el guitarrista que estuviera en ese momento. El resto, que no alcanzaba para nada, era para sobrevivir. Fue un sacrificio muy grande por un sueño; nadie me puede hacer el cuento, yo lo viví.
Más allá del rock, ¿qué transformaciones percibes hoy en la cultura cubana a partir de la diáspora artística?
Yo creo que la diáspora artística cubana se siente más libre en su creación porque nadie le pone limitaciones a la hora de crear. Por ende, pueden expresarse en toda su extensión y enriquecer su obra sin límites.
Un punto en común entre los artistas de la diáspora es la nostalgia y el sentido de pertenencia por su tierra natal de la que tuvieron que emigrar, y muchos están comprometidos con la libertad de su patria y usan su arte como una forma de protesta y activismo político.
Los artistas cubanos, allá y aquí, tienen mucho talento; la diferencia es que allá no tienen libertad para expresarse y aquí sí.
Tras tu llegada a Miami, ¿qué diferencias encuentras entre la escena rockera local y la que conociste en Cuba?
Las diferencias básicas, a mi entender, y no tengo todas las respuestas porque cada quien es un mundo, son de tipo económico. Los músicos de aquí tienen más posibilidades económicas que los de Cuba, y eso hace la diferencia.
O quizás allá, según mi experiencia, los músicos tienen un poco más de tiempo para dedicarle a su música y a la creación, a pesar de todas las dificultades que sabemos que hay en Cuba. Aquí, como todos los músicos, tienen otro trabajo que les toma mucho tiempo además del trabajo de la música; tienen menos tiempo para la creación.
Pero creo que tanto allá como aquí eso se compensa. Siempre se encuentra tiempo cuando se quiere para dedicarle a tu pasión, a pesar de las dificultades que son bien diferentes allá de aquí y no se pueden comparar.
Desde tu experiencia, ¿qué retos y oportunidades enfrentan los músicos cubanos que intentan insertarse en el panorama musical de Miami?
Bueno, eso depende del músico y de los géneros musicales que domine. Muchos músicos que dominan una variedad de géneros musicales se ganan la vida tocando en fiestas, bodas, eventos, etc., y a esos músicos les va mejor que a los músicos que solo tocan rock, porque Miami es una ciudad difícil donde es muy fuerte la prevalencia de otros géneros musicales.
También las personas están muy ocupadas con su trabajo, el tráfico, las cuentas que hay que pagar; es una ciudad rápida, ansiosa, todo el mundo siempre está apurado.
Es un reto mantener a una banda unida y lograr espacios donde tocar, porque la mayoría de los espacios son para los géneros musicales que predominan en la ciudad de Miami.
Por otro lado, es más fácil desde el punto de vista que puedes tener mejores instrumentos, hay mejores estudios de grabación con mejor tecnología, y no tienes que quedarte tocando solo en Miami. Hay un país entero por donde te puedes mover; a través de internet puedes contactar festivales, disqueras, eventos en otros estados o en el mismo estado de la Florida, expandiendo tus posibilidades, y no necesitas una empresa de por medio que te gestione; puedes hacerlo tú mismo, enviando tu material. Si les gusta, te contratan y listo, todo es más fácil en ese aspecto.
Hoy, como parte de Liquid Roots, y después de un largo recorrido, ¿cómo te defines actualmente como artista y como mujer?
Liquid Roots me fascina, me encanta lo que hacemos, nos llevamos todos muy bien, nos compenetramos y nos queremos. Nos conocemos hace muchos años y tenemos todos una relación muy especial.
Me encantan los temas de Miguel Garrido, algunos de esos temas quedaron plasmados en un disco que grabamos relativamente hace poco que se llama LIBRE, que trata básicamente de la libertad, no sólo de nuestra tierra, sino también de la libertad personal que cada ser humano debe tener como derecho de nacimiento.

Cuando grabé ese disco traté de plasmar como intérprete toda mi experiencia como artista. Me di cuenta también de la madurez vocal que he adquirido con los años, y me enfrenté al reto de grabar esos temas muy diferentes a los que había grabado antes, porque Miguel Garrido tiene un background musical muy amplio y toda esa información está plasmada en sus temas y sus arreglos.
He aprendido mucho de él, porque además también trabajamos como dúo y exploramos muchos géneros que él domina, y me ha introducido a mí en ellos y me ha abierto el rango interpretativo. Como te dije antes, el rock permite que otras expresiones se inserten y fluyan juntos, y eso está plasmado en los temas de Miguel.
Yo soy muy apasionada, sobre todo cuando canto en vivo, y no he dejado de serlo. Creo que mi experiencia de vida, el explorar otros géneros musicales e intentar cosas nuevas, ha enriquecido mi visión artística y ahora soy más relajada y más libre en mi expresión.



