La Sala Clamores, del madrileño barrio de Chamberí, es de esos espacios pequeños, que gozan de una extraña elasticidad y admiten lo mismo 20, 200, o quién sabe cuántas personas –como en esta ocasión- con igual soltura.
De alguna manera, puede que caprichosamente, me recuerda a ciertos locales del Vedado habanero, dotados de una similar capacidad física. Incluso aunque su fachada no facilite esta asociación, una vez dentro se agradecen las familiares escaleras en dirección al subsuelo; entonces la conexión se reinstala nuevamente.
No recuerdo la última actuación que vi de X Alfonso en un lugar parecido, soterrado; quizás una tarde, de hace algunos años, en La Zorra y El Cuervo, donde le escuché también, por vez primera, hablar de aquel sueño que después se convirtió en la F.A.C..
En todo caso, X estará presentándose por estos días en Madrid y Barcelona, para reencontrarse con buena parte de su público, que como todos sabemos, se ha ido multiplicando por el mundo, de una manera acelerada.
Por ello, solo dudó un par de segundos, ante la presencia de tantas caras conocidas y prefirió gritar, por supuesto, “Buenas noches, Habana”, y la noche habanera, mejor dicho, cubana, le respondía eufórica.
Rompía así en Clamores, el riff atronador de “Cansado”; ese clásico con el que también abrían su último concierto, Tito y Ruy, hace poco más de 20 años, en la inoxidable cinta “Habana Blues”. En el film, su protagonista aconsejaba “reivindicar nuestro derecho al delirio y a las utopías”, y es un hecho que ese reclamo parece más vivo que nunca por estos días, o más bien, estas noches.
Sobre el escenario el anfitrión cantaba y tocaba el bajo, como cualquier adolescente rockero en algún cuarto de ensayo, respaldado por Arnaldo Lescay en el drum y la también energética guitarra de Ernesto Blanco, que viene haciendo de las suyas desde hace unos meses en la capital ibérica.
De esta forma, comenzaron a desfilar por el recinto, canciones de ayer, de hoy, o de siempre, porque X lo mismo traía el beat de su último álbum Inside, que piezas como “Reverse”, o “¿Cambiará?”, grabadas en 2011, con igual frescura. Mención aparte merecen las veinteañeras «Amanecer” y “Lágrimas tatuadas”, de la banda sonora antes citada, o las tan esperadas “En todas partes” y “Arenas de Soledad”, donde el multifacético artista se pasaba al piano para cantar y escuchar lo que vinimos a cantarle.
Desde ahí se le vio emocionado cuando algunos convencidos y otros resignados, gritamos aquello de “donde quiera que me encuentre yo siento que es tierra mía” y entonces la noche pasaba a otro nivel.
Arremetía luego con “Interrogante”, una de las canciones que más le ha costado escribir y que valió cada instante de esfuerzo, para seguir con la eterna “Habana Blues”, certificando tal vez, el momento más vibrante de su actuación.
De alguna manera, X devolvía a Madrid este himno y otras joyas que compuso en esta ciudad, en compañía de los también cubanos y todoterrenos, Dayán Abad y Enrique Kiki Ferrer, para la conformación de un soundtrack ya antológico.
No son pocos, ni demasiado conocidos, los numerosos puntos de conexión de dicho film con su obra; por ejemplo, el recordado video de “Santa” se grabó con una de las cámaras del largometraje, en el solar Otero, del Luyanó natal de X, quien tras cada jornada de grabación devolvía a Benito Zambrano el equipo, para solicitarlo al día siguiente. En Clamores, también la cantamos y la vivimos con especial voltaje, mientras que el artista regresaba al bajo.
Para el final, se hicieron presentes canciones de largo recorrido, que el músico ha decidido rescatar y que sacudieron el recinto; “Revoluxion” y “Noticia”, pieza esta última que los más veteranos recordarán junto a otras como “Jungla Gris”, “Violencia”, o “Besando tu corazón”, que ojalá también encontraran espacio en sus futuros directos.
Se despedía entonces de Madrid, cerrando una actuación memorable; cargada de adrenalina, emoción y también de esperanza. Sobre el escenario, el protagonista agradecía al público, y a sus compañeros de banda.
Luego, ante la insistencia unánime de los presentes, regresó al teclado para terminar, ahora sí, con “Siento que…”, otra perla cristalina de su último álbum, en la que el creador expone ese sueño recurrente que tiene, como nosotros, de otro nuevo amanecer.



