Desideri Sanzi es un artista del renacimiento para el nuevo milenio. Trabaja la pintura, la instalación, el arte digital, el performance y el video arte, entre otras manifestaciones y lo hace casi todo al mismo tiempo, por lo que podríamos asegurar que Sanzi gravita en un universo particular donde los días tienen más de 24 horas. Otro de sus principales frentes creativos es la música electrónica, que lo ha llevado a trazar sólidos puentes con los dj y productores cubanos. Por si esto fuera poco, también ha impulsado una revista sobre el » electro» bajo el nombre Coocuyo.
En esta entrevista, Desideri Sanzi, creador de Coocuyo, repasa el crecimiento de una plataforma que se ha convertido en un espacio clave para documentar y conectar la escena electrónica cubana. Lo que empezó como un punto de encuentro digital hoy funciona como una red que une artistas, ideas y proyectos dentro y fuera de Cuba.
La conversación también aborda los retos de mantener un proyecto independiente en un contexto complejo, marcado por la migración y la dispersión de sus protagonistas. En ese camino surge Cuba Coocuyo Remix, una obra que pone el foco en lo humano y lo cotidiano, y que muestra la escena desde una mirada más cercana, diversa y en constante cambio.
Coocuyo ha crecido como plataforma dentro de la escena electrónica cubana. ¿Cómo surge el proyecto y qué necesidades vino a cubrir en su momento?
Coocuyo surge de una intuición muy simple: en ese momento faltaba un espacio reconocible capaz de reunir y poner en relación lo que estaba ocurriendo dentro de la escena electrónica cubana. La necesidad no era promocionar de forma aislada a un solo artista, sino crear un espacio de encuentro, documentación y conexión donde distintas experiencias, materiales y trayectorias pudieran convivir dentro de una visión más amplia. Desde el inicio, el proyecto buscó precisamente eso: observar, documentar y dar visibilidad a una realidad viva, creando al mismo tiempo un puente entre la isla y el exterior. 
El nombre “Coocuyo” tiene una carga simbólica fuerte dentro del imaginario cubano. ¿Cómo se conecta ese concepto con la filosofía colectiva del proyecto?
El nombre Coocuyo nace de la búsqueda de una imagen profundamente simbólica, ligada al contexto cubano y, al mismo tiempo, capaz de representar con claridad la identidad del proyecto. El cocuyo tiene una luz propia, discreta pero intensa, y esa imagen conecta muy bien con la filosofía colectiva de la plataforma. Remite a una energía interna, auténtica, que muchas veces existe en los márgenes y no siempre encuentra espacios visibles de representación. Coocuyo intenta justamente eso: reconocer esa luz, hacerla perceptible y ponerla en relación con otros.
Más allá de un portal o magazine, Coocuyo funciona como una comunidad. ¿Cómo se ha construido esa red de artistas, DJs y productores a lo largo del tiempo?
La red se fue construyendo de manera progresiva, a través de un trabajo directo de escucha, recopilación y vínculo con los primeros protagonistas de la escena. Al comienzo se trataba sobre todo de dar espacio a DJ sets, tracks, entrevistas y otros materiales ya existentes, pero dentro de una estructura coherente y reconocible. Con el tiempo, eso permitió no solo visibilizar trabajos individuales, sino también mostrar las conexiones entre artistas, contextos y recorridos. Una parte importante del proceso fue evitar que todo quedara en un impulso inicial y tratar, en cambio, de darle continuidad a un patrimonio cultural que corría el riesgo de dispersarse.
La curaduría ha sido clave en la identidad del proyecto. ¿Cómo se seleccionan y articulan las propuestas que forman parte del universo Coocuyo?
Más que funcionar a partir de una selección rígida, Coocuyo se ha desarrollado con la idea de construir una cartografía lo más amplia, coherente y actualizada posible de la escena electrónica cubana. La curaduría ha consistido sobre todo en organizar, contextualizar y dar continuidad, buscando que cada artista tenga un espacio reconocible dentro de una visión común. Al mismo tiempo, todavía queda mucho por hacer. La escena sigue creciendo, aparecen nuevos artistas y nuevas trayectorias, y eso exige una actualización constante. Al ser una realidad independiente y autoproducida, Coocuyo sigue siendo un proceso abierto, en evolución, que intenta crecer junto con la propia escena.
En un contexto marcado por la migración de creadores, ¿cómo logra Coocuyo mantener el vínculo entre los artistas dentro y fuera de Cuba?
Uno de los valores centrales de Coocuyo es precisamente mantener una sensación de continuidad, incluso cuando muchos artistas desarrollan su camino fuera de Cuba. La migración no se entiende necesariamente como una ruptura, sino como una transformación de la propia escena. Por eso, la plataforma intenta sostener un espacio compartido, donde quienes están dentro y fuera de la isla puedan seguir reconociéndose dentro de una misma historia cultural. Más que separar entre adentro y afuera, Coocuyo busca mantener visible una comunidad móvil, pero todavía profundamente conectada. 
La música electrónica cubana ha desarrollado una identidad propia en diálogo con lo global. ¿Qué rasgos definen hoy esa escena desde la mirada de Coocuyo?
Desde la mirada de Coocuyo, la escena electrónica cubana no puede definirse a partir de una sola fórmula. Es una realidad diversa, atravesada por distintas sensibilidades, que construye su identidad en diálogo entre el contexto local y las influencias globales. Muchas veces, desde fuera, se la intenta encasillar sobre todo en géneros como el house o el afro house, también por el imaginario que Cuba sigue proyectando internacionalmente. Pero si se observa más de cerca, la escena es mucho más amplia y compleja. Existen también recorridos vinculados a una sensibilidad techno fuerte, sólida y perfectamente capaz de dialogar con escenarios internacionales avanzados. Más que un solo sonido, lo que la define hoy es precisamente esa pluralidad.
Sostener una plataforma independiente en Cuba implica retos constantes. ¿Cuáles han sido los principales desafíos para mantener activo el proyecto?
Mantener activa una plataforma independiente en un contexto complejo como el cubano ha significado convivir con límites estructurales, dificultades operativas y la necesidad constante de dar continuidad a un proyecto construido de manera autónoma. Pero uno de los mayores desafíos ha sido también sostener una dimensión colectiva real, hecha de relaciones, diferencias y procesos de diálogo. Como en toda comunidad viva, hubo momentos de contraste, visiones distintas y etapas difíciles de armonizar. La verdadera dificultad ha sido seguir presentes, mantener una continuidad y crear las condiciones para que distintas trayectorias pudieran encontrar un espacio de visibilidad sin perder su propia identidad.
Coocuyo también ha dialogado con espacios institucionales y circuitos culturales. ¿Qué papel han jugado estos vínculos en el desarrollo de la escena?
Coocuyo se ha definido principalmente como una plataforma digital, desarrollada entre el sitio web y las redes sociales. Precisamente por eso, los momentos de diálogo con espacios institucionales y circuitos culturales han tenido un valor particular, porque permitieron que una red nacida en lo digital pudiera también adquirir una presencia concreta en el espacio real. En ese sentido, fue importante la participación en AM-PM Festival en 2017, así como la experiencia vinculada a la Fábrica de Arte Cubano, ya que ambas hicieron posible un encuentro directo entre artistas, público y proyecto. Más que funcionar como una legitimación externa, esos vínculos sirvieron como espacios de apertura, conexión y consolidación.

En este recorrido aparece también Cuba Coocuyo Remix. ¿Cómo surge la película y qué mirada propone sobre la escena electrónica cubana?
Cuba Coocuyo Remix surge del deseo de acercarse a la escena electrónica cubana desde una forma distinta a la del documental tradicional. En lugar de recurrir a los elementos más inmediatos asociados a ese universo, como la música en primer plano o la noche, la película elige desplazar la mirada hacia lo que existe alrededor: las personas, los vínculos, los tiempos cotidianos y el contexto humano y social en el que esa escena toma forma. Más que explicar la escena, la película intenta atravesarla lateralmente y dejar que aparezca una dimensión menos obvia, más silenciosa y más profunda.
¿Qué tipo de presencia tienen en la película las personas vinculadas a ese entorno?
La película se construye a partir de figuras reales vinculadas a ese entorno, entre DJs, productores y personas que comparten ese contexto. No son simplemente objeto del relato, sino una presencia concreta dentro de su materia narrativa. La narrativa no sigue una estructura clásica, sino que avanza a través de fragmentos, situaciones simples, tiempos cotidianos y relaciones humanas. En ese sentido, estas presencias no están ahí para explicar una escena, sino para hacer visible su dimensión más humana, simbólica y cotidiana.
A partir de este nuevo momento, ¿cómo dialogan hoy la experiencia de Coocuyo y la aparición de Cuba Coocuyo Remix?
Este nuevo momento representa, sobre todo, una oportunidad para ampliar la mirada sobre un recorrido construido con el tiempo alrededor de una escena cultural que muchas veces ha sido poco narrada. El estreno del filme no debe entenderse como una prolongación de la plataforma, sino como una obra autónoma que dialoga con un contexto cultural y humano que Coocuyo ha acompañado a lo largo del tiempo. La proyección es que este paso permita ampliar la mirada sobre Coocuyo y reforzar su papel como espacio de conexión, memoria y continuidad para una escena que sigue transformándose.



