Las numerosas celebraciones con motivo del 12 de octubre –Día de la Hispanidad, o Fiesta Nacional de España– pueden convertirse fácilmente en representaciones carnavalescas y estereotipadas de diversas culturas; en donde además se evocan, a veces de forma superficial, temas tan complejos como la identidad, el arraigo o la controversial unidad latinoamericana, mejor dicho, de Hispanoamérica.
La presentación vibrante de Cimafunk y La Tribu, el pasado domingo, en la Explanada Multiusos de Madrid Río fue otra cosa; una experiencia vital de difícil calificación, a medio camino entre ceremonia de salvación y ritual pagano.
Cimafunk venía de encender, con similar mecha, las ciudades de Barcelona y Girona y en la capital española supo mantener los altos niveles de energía y aguaje que caracterizan sus contagiosos espectáculos.
La Tribu, entre temas habituales y sorpresas, desplegó el repertorio que viene acompañando la presente gira, correspondiente a su último álbum Te Toca; en donde se registran nuevas composiciones junto a canciones ya imprescindibles grabadas en directo.
La agrupación, seguramente es consciente de que no existe dispositivo de grabación, capaz de captar con suficiente nitidez, el voltaje que generan debajo y sobre el escenario. Aunque ciertamente, este disco constituye una muestra fiable de lo que puede suceder, musicalmente hablando, en alguno de sus shows.
De esta manera, se bailaron y gozaron, entre otras, las versiones extendidas de Cocinarte, La pomada, o la infaltable Paciente, para demostrar que el cha cha chá, la disco, el reparto o el funk, no están para nada enemistados, allá quien lo crea.
A la rumba se sumaba el guantanamero, radicado en Barcelona, Joao del Monte, joven y veterano conocido de la casa, quien hace algunos años ya aportó su baile y energía al clip de Me Voy, mientras que ahora contribuía con su voz al calentamiento de la fiesta.
Mención aparte merece el emotivo homenaje a Sixto Llorente, El Indio, protagonizado por el multifacético Charlie González, quien abandonó por minutos la trompeta para entonar fragmentos de ese clásico del Trabuco, que fue y es Marcando la Distancia. Para sorpresa de algunos, muchos de los presentes respondieron enérgicos al estribillo de “pa la calle, fuera de mi casa”, quedando en evidencia que buena parte del público, no era precisamente madrileño.
Si alguna duda quedaba, la confirmación llegó más tarde, en forma de clímax desenfrenado, con espontáneas bailarinas que entre banderas cubanas y movimientos frenéticos irrumpieron en el escenario, porque a esa altura nadie quería que acabara la celebración, ni mucho menos irse a casa, por más que Cimafunk gritara lo contrario.
Luego del falso cierre, volvía La Tribu a la carga, con el groove setentero de Give up the funk, de la fundacional banda Parliament, que nos mostraba la versión más ortodoxa de Dr. Zapa y El Ra, quienes desde el drum y el bajo sostenían una sesión rítmica digna de Motown. El Cima por su parte, exhibía su faceta más anglo, como si de un nacido en Detroit se tratara.
No sé qué pensaría el joven Erick A. Iglesias Rodríguez, desde su natal Pinar del Río, si alguien le hubiera vaticinado semejante éxito y versatilidad. Tampoco puedo asegurar qué consejos le daría Cimafunk a aquel inquieto estudiante de medicina. Lo cierto es que los años lo han convertido en una suerte de chamán camaleónico sobre la tarima y a diferencia de otros proyectos coterráneos, de respetable valor, el cantante y su tribu parecen bendecidos por la industria musical.
Entonces, ahora sí, llegaba el fin de la juerga, que comenzó con el paso sincopado y autóctono de Se acabó. Resulta curioso que en tiempos donde casi todos los caminos conducen a lo urbano, Cimafunk bajara el telón con un tumbao digno de Arsenio Rodríguez, antes de reiniciar su habitual orgía sonora.
Dejaba así, muy en alto, la representación de la música cubana y el complejo afrocaribeño dentro de estas festividades; que contaron con la presencia en anterior jornada, del mítico Arturo Sandoval, en la Plaza Mayor, o la actuación previa de Aymée Nuviola, en el propio recinto de Madrid Río.
De esa manera, sencilla, espontánea, ajena a consignas y eslóganes de cualquier tipo; el cimarrón del funk, revalidó su compromiso exclusivo con la clave natal, tronco y raíz de su renovadora propuesta, mientras se despedía agradecido de Madrid, saludando entre abrazos a Cuba.



