Sandy Caraballo

Sandy Caraballo, el migrante cubano que hace historia para el judo en Uruguay

Imagina llegar a un país desconocido, con apenas 100 dólares y un sueño envuelto en un judogi más pesado que tu equipaje. Así cayó Sandy Caraballo en Uruguay hace siete años y medio, con la única certeza de que su historia no se quedaría en una almohada de anhelos sin cumplir…
Tardó, pero llegó… Sandy ha hecho historia para el #judo en Uruguay, al ganar la medalla de plata en el Open Panamericano de Lima representando a la nación que le adoptó: cubano por origen y uruguayo por decisión y papeles, su perseverancia superó por ippon otro combate de la vida.
Su podio en Perú marca un hito en una carrera que comenzó a los 11 años en Sancti Spíritus. El tatami fue patio de juego y escenario de ilusiones olímpicas, y de topar y entrenarse con el equipo nacional. “Tenía buen nivel”, me cuenta. Pero, a veces, eso no es suficiente…
Un día decidió emigrar, y recaló en Montevideo, con una mano “alante” y otra atrás. Pronto se percató de que la diferencia de realidades no siempre era para mejor. Nada de becas, licencias deportivas ni gimnasios; en su lugar, brochas de pintura, fardos en el puerto, y el laburo que apareciera…
A los tres meses envió un currículum a un gimnasio, y lo llamaron. «Cuando vieron el nivel que tenía, me hicieron un contrato: trabajaba seis horas en mantenimiento y después daba media clase el profesor y media clase yo”, evoca Sandy.
Claro, era inevitable que sobresaliera: traía los fundamentos de la escuela cubana de judo, forjados por leyendas como el entrenador Ronaldo Veitía. Y llegó a un país cuyos mejores resultados son un quinto lugar olímpico y un séptimo mundial, ambos de Alvaro Paseyro.
Día a día, cuota a cuota, Sandy fue reconfigurando su relación con el judo, practicándolo no para ganarse la vida, sino para encontrarse y ser feliz. No pasó mucho tiempo para que abriera su propio club, JUDO ACTITUD (*), donde tiene más de 40 alumnos, propósitos y posibilidades.
Pero el mayor cambio llegó este año, cuando finalmente pudo completar los trámites para hacerse ciudadano uruguayo. Con la ciudadanía fresca como un kimono nuevo, Sandy saltó al ruedo internacional, con eventos en Brasil, Argentina y Perú.
Llegó además una beca del Comité Olímpico Uruguayo que le permitió costear su viaje a Perú para competir y comprarse judogis homologados. Y la inversión ya comenzó a rendir frutos, con la plata en el reciente Open, una feroz competencia con nivel de Grand Prix.
Su rendimiento en la división de +100kg fue incontestable: venció al guineano Moustapha Fofana por wazari, al montenegrino Stefan Kovinic con ippon, y solo cedió en la discusión del oro ante el estadounidense Alex Semenko, apenas a 11 segundos del cierre.
Así, con una medalla de plata que sabe a gloria, Sandy pasó de ser otro emigrante anónimo a un medallista panamericano, rebosante de gratitud hacia su nueva patria, y listo para apuntar a cumbres mayores… Cumbres olímpicas, por ejemplo…
Por lo pronto, este año cerrará con su participación en los Juegos Bolivarianos, también en Perú, y para el 2026 su objetivo son los Sudamericanos y luchar un boleto olímpico. Se mira en el espejo de Yasmany Acosta, el luchador cubano que ganó plata olímpica para Chile en París-2024.
«Somos muchos por el mundo», reconoció Sandy, quien ha demostrado que su historia no es solo de agarres y proyecciones, sino la de cada cubano y cada emigrante que sale a encontrar su lugar en el mundo: caerse, levantarse, reinventarse, crecer y nunca, pero nunca, rendirse…
(*) Para los interesados, el club de Sandy está en Avenida Joaquín Suárez 2928, en Montevideo
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