Mundial de Fútbol

Exclusiva con testigos excepcionales en el Drama y Milagro de Atlanta

ATLANTA — «El milagro de Atlanta». Así pasará a la historia futbolera argentina lo ocurrido el siete de julio de 2026 en el estadio Mercedes-Benz: Lionel Messi y sus compañeros protagonizaron una remontada histórica cuando parecía que tenían preparadas sus maletas para irse a casa por culpa de Egipto.

La gesta permitió preservar su aspiración al título e instalarse en los cuartos de final, que se abren este jueves con el Francia vs. Marruecos en Boston y el viernes proseguirán con el España vs. Bélgica en Los Ángeles. El sábado, dos partidos: Noruega vs. Inglaterra en Miami y Argentina vs. Suiza en Kansas City.

Entre los miles de argentinos que fueron testigos, en la capital olímpica de Georgia, de la épica victoria de la Albiceleste, con tres goles en los últimos 14 minutos del partido de octavos de final, estuvieron Lucas Ledezma y Leandro Blanco Pighi. Pero no eran unos hinchas cualesquiera.

«We need tickets. We arrived by bicycle from Argentina», decía una pequeña pancarta de cartón que uno de ellos enarbolaba en una de las entradas donde se apretujaban centenares de aficionados bajo un abrasador sol de mediodía. Recorrieron más de 6.000 kilómetros en 45 días desde su ciudad natal, Córdoba, hasta Estados Unidos para alentar al equipo de sus amores y a su capitán en su presunto último Mundial.

«Confiamos en que los boletos van a aparecer», dice Leandro a Human Press. «Al partido en Miami contra Cabo Verde llegamos varias horas antes y fue Julián Álvarez quien nos regaló las entradas», revela en alusión al gesto del titular de la selección nacional.

Leandro y Lucas, junto a Matías Villarruel y Silvio Gatti, formaron originalmente la intrépida cuarteta desde su ciudad natal, Córdoba, pero uno debió regresar a Argentina tras el juego en Kansas y otro no pudo completar su proceso de visado a la Unión Americana tras no poder reingresar a Ecuador por falta de un trámite migratorio.

Para ellos, esta no es su primera aventura. Ya habían ido en bicicleta a Qatar en 2022, luego de recorrer 10.500 kilómetros en 177 días a través de África y Medio Oriente. Fueron espectadores «in situ» del momento en que la Albiceleste conquistaba la Copa del Mundo después de 36 años y Messi lograba el pergamino que faltaba en su galería.

«Este es el cuarto Mundial al que voy en bicicleta», comenta Lucas, fundador del proyecto «Todo a pedal». «Empecé en Brasil 2014 en mi primera experiencia continental; luego el salto a Europa con Rusia 2018, después Qatar, donde vimos a Messi levantar la Copa, y ahora cruzamos América Latina y esperamos verlo de nuevo en el podio».

A su llegada a Kansas City, para el debut de Argentina contra Argelia el 16 de junio, tuvieron un alentador encuentro con miembros de la delegación balompédica. «Desde entonces estamos de 4-4», precisa Leandro, en referencia a los cuatro juegos anteriores del equipo y al éxito de su gestión para conseguir tickets.

Partieron el 30 de abril desde el estadio Mario Alberto Kempes, en la capital de la provincia de Córdoba, y atravesaron 10 países a un promedio de 150 kilómetros por día. No pudieron pedalear por Perú y México como tenían previsto «porque no íbamos a llegar a tiempo para el primer partido», agrega Leandro.

«Realmente, no afrontamos ningún momento de peligro durante la travesía», responde Lucas. «Lo más duro fue trepar la Cordillera de los Andes, a 4.000 metros sobre el nivel del mar… Tuvimos que dormir a 15 grados bajo cero».

Mientras dialogábamos, la gente los saludaba y les deseaba que pronto consiguieran sus boletos. Y ellos, a su vez, escudriñaban entre la multitud, la mayoría con las camisetas celeste y blanca y el rótulo de Messi a la espalda, por si descubrían a algún buen samaritano, mientras miraban sus celulares por si recibían un email salvador, como sucedió con el delantero Álvarez.

Hinchada argentina en el estadio: Foto Human Press

—Imagino que rebajaron unas cuantas libras por el camino —les pregunté.

«Pues sí… pero ya nos pasamos (de peso) “picando” tanta “chatarra”», dice Leandro, que aprovecha para mencionar las muestras de apoyo recibidas durante su maratónico trayecto por América Latina y en territorio estadounidense.

Falta menos de una hora para que comience el crucial partido en el que Messi se echaría nuevamente a la Argentina a su espalda mientras se ratificaba como el máximo goleador del torneo más importante del mundo. Y en qué momento.

«La Pulga» se convertía en el único en marcar ocho tantos (tres a Argelia, dos a Austria y uno a Jordania, Cabo Verde y Egipto), que hubieran sido 10 de no haber fallado los dos penales. Pero es que el rosarino, a veces, luego de no convertir desde los 11 pasos, parece transformarse en el más peligroso.

Messi se convirtió además en el primer jugador de la historia en anotar en nueve partidos consecutivos de la Copa Mundial pues hace cuatro años había marcado contra Australia, Países Bajos, Croacia y Francia. Habría más records en este 7 de julio para el astro argentino a sus 39 años. Y hasta para Enzo Fernández que con su cabezazo  sellaría la remontada de leyenda con el gol número 3000 de los  Mundiales.

«Espero que la Mano de Dios los acompañe», les dije a Lucas y Leandro al despedirme, a poco del «culebrón» —con trascendente polémica arbitral incluida— que estaría a punto de ocurrir dentro del imponente estadio y que ni ellos ni nadie imaginaba.

«Entramos», fue el mensaje de ambos que recibiría en mi celular media hora después del silbatazo inicial. Los dos audaces del pedal serían también testigos del «Milagro de Atlanta».

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