Kumar

Kumar: entre el tambor y la palabra

Entre el silencio y el tambor, Kumar —músico, poeta y promotor cultural nacido en La Habana— ha construido un universo donde la raíz afrodescendiente se mezcla con la electrónica y la fe yoruba. Con más de cuatro discos publicados, entre ellos Película de Barrio, Sub-Elevation, Patakin y El Olimpo de los Orishas, ha trazado un camino que une la espiritualidad ancestral con la experimentación sonora.

Desde España, reflexiona sobre lo que significa ser un artista negro cubano en un continente que idealiza la diferencia, pero también la margina. En esta conversación, habla sin ambages sobre la migración, la resistencia cultural y la música como medicina para sanar heridas ancestrales.

Kumar no solo canta: invoca, recuerda y reconstruye el puente entre la memoria y el futuro.

Tu camino como músico afrocubano te ha llevado de La Habana a Europa. ¿Cómo ha cambiado tu manera de mirar la vida y el arte desde esa experiencia migratoria?

Emigrar siempre es un desafío, algo que te hace crecer y acercarte a tu esencia para poder sostener la distancia de tu familia, tu cultura, de tu alimento vital para la creación y sobre todo la manera en la que me he relacionado con la espiritualidad.

Estar en Europa me ha hecho aferrarme cada vez más a mis raíces y mis prácticas espirituales. Me ha hecho más humilde y más paciente. Ha hecho que me reinvente cada vez para no abandonar esta especie de misión en la que se convirtió la música desde que la elegí como forma de vida y como método para mantenerme conectado con mi raíz a pesar de la distancia. Cada vez me siento más cerca de mí, y camino al ser humano que deseo ser.

¿Qué significa para ti ser un hombre negro, cubano y artista en un continente que a veces idealiza, pero también margina, la diferencia?

Pues esto tiene su doble filo, el cubano vive bajo el manto del cliché, sea cultural, político o sexual tanto para lo bueno como para lo malo, más aún si eres Afrodescendiente, así que si eres un cubano un poco alternativo como yo, tomas el riesgo de no clasificar para nada con el estereotipo de cubano.

Pero al mismo tiempo he contado con el “Ashe” de ser bien recibido y respetado donde quiera que he pisado, pues siempre actúo desde el respeto y sobre todo desde el orgullo de quién soy y de donde vengo a pesar de los pesares.

¿Has sentido en Europa alguna forma de discriminación —sutil o directa— por tu origen o tu estética afrocubana?

El racismo en Europa sobre todo es sistémico. Lo siento cuando tengo pasar un control de seguridad en un aeropuerto, cuando tengo que actualizar mi documentación, cuando prefieren un artista blanco en un contexto de música Afro y así podría mencionarte muchas situaciones en las que se manifiesta… Por eso que es importante saber quién eres y lo que quieres para que siempre estés en donde tienes que estar.

En mi caso tanto mi origen, como mi estética, y mi forma de proyectarme justamente han sido la llave para abrirme paso en esta sociedad euro centrista, pero por suerte cada vez más mestiza y multirracial.

Tu obra está impregnada de espiritualidad yoruba. ¿Qué papel juega la fe o la conexión con tus raíces en tu proceso creativo y en tu personalidad?

Es la columna vertebral de mi humanidad, de mi búsqueda, es mi mapa y mi brújula, es la confirmación de que cada paso que doy está avalado por un linaje que lleva siglos siguiendo la guía de un código ético, moral y espiritual donde la superación justamente está en viajar a ese encuentro con tu yo más ancestral, ese que sabe su misión, ese que sabe que solo abrazando su  fe puede lograrlo todo, puede soportarlo todo, porque sabe que la elección está hecha antes de nacer y que lo importante no es el destino, si no como nos relacionamos con el camino que nos lleva a él.

Hablas del tambor como un lenguaje universal. ¿Crees que la música puede sanar heridas históricas o raciales?

Definitivamente, estoy sanando aún tantas heridas ancestrales, ¡las mías y la de los míos!  La música es esa medicina que me hace lo que soy, alguien que interpreta la banda sonora de nuestra sublevación contra esa opresión en nuestras emociones más profundas debido a la historia que tiene el pueblo afrodesendiente.

Siento que cada vez que alguien con nuestra herencia racial, cultural o espiritual se acerca en modo de gratitud por haber encontrado en mi música algo que lo hace sentir más poderoso, más orgulloso de sí mismo, más conectado… entonces ahí queda de manifiesto su poder sanador.

Muchos artistas afrodescendientes denuncian ser encasillados en la categoría de “world music”. ¿Cómo te posicionas frente a esa etiqueta?

Pues ya pasé por allí, lo abracé como algo que enmarcaba un origen más allá de los estilos, algo que tiene que ver con la esencia de los pueblos. Pienso que es una etiqueta que nació para calificar a las músicas que tienen que ver más con lo cultural que con el entretenimiento. Pero que al mismo tiempo puede tender a generalizar sin tener en cuenta la diversidad.

En lo personal soy muy inquieto y soy fan de ponerme yo mismo mis propias etiquetas. De modo que en un mundo de festivales de Worldmusic, fusión y mestizaje  yo optaba por etiquetarme como: Hiphop afrocubano, música electrónica afrocubana, ¡hasta crear un concepto que se convirtió en mi nombre de batalla! Música Afrosideral!!

¿Qué le dirías a un joven músico cubano o africano que llega a Europa cargado de sueños pero también de miedos?

Pues le diría que no deje de soñar, que recuerde las melodías que cantaban sus abuelos, que nunca olvide que la música afro es el corazón de la música del mundo, que abrace su espiritualidad pues sin ella el éxito está vacío, que el mundo es un patio de juego donde los mejores resultados se logran con perseverancia, autenticidad y disciplina. Pero sin olvidar nuca que amar lo que haces y vivir de ello es el mayor de los éxitos.

Tu proyecto Afrosideral mezcla tecnología, espiritualidad y herencia africana. ¿Es también una forma de resistencia cultural?

¡Definitivamente! ¡Soy la presencia viva de aquellos cimarrones que se escaparon y hacían estremecer el monte con sus tambores y sus plegarias en forma de cantos! ¡¡No pudieron segar nuestra fuerza espiritual, soy su heredero y vocero ¡Duélale a quien le duela aún estamos aquí!

¿Qué te ha enseñado la distancia sobre la identidad y la pertenencia? ¿Se puede “seguir siendo de Cuba” desde lejos?

Todos los emigrantes que sentimos conexión con nuestra tierra y nuestra cultura creo que nos conectamos más con ella mientras más tiempo vivimos fuera de ella.

Es el salvavida de días grises, es algo que te recuerda que eres lo que eres, porque vienes de dónde vienes.  Algo que se activa con un sabor, un olor o simplemente una canción. Aunque ese lugar de dónde vienes, cada vez se parezca menos a ti.

Cuando el ruido del mundo se apaga, ¿qué sonido o recuerdo te conecta de nuevo contigo mismo?

El sonido del silencio.

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