Elsten Torres regresó recientemente a Madrid donde ofreció una serie de conciertos con los que confirmó su capacidad de conectar con públicos de diferente signo, gracias a una obra ecléctica y llena de vitalidad creativa. El trabajo de este músico cubano-americano se sostiene sobre el rock and roll y la canción de autor, pero no deja casi nada afuera. Se mueve con soltura dentro del blues, el reggae y otros ritmos que lo llevaron a convertirse en un nombre relevante dentro de una franja de la escena estadounidense de los años 90.
Torres es un artista asiduo de Madrid, ciudad cuyos escenarios lo reciben al menos dos veces al año. Lo recibe la ciudad y el público que ha venido conquistando con su carisma y sus canciones. Su identidad musical nació de manera natural entre dos mundos: la cultura cubana que vivía dentro de casa y el entorno anglosajón de Nueva York donde creció.
La música cubana estuvo siempre presente gracias a su madre y a reuniones familiares marcadas por guitarras, canciones y compositores cercanos, mientras que artistas como The Beatles, Elvis Presley, Billy Joel y Juan Luis Guerra terminaron moldeando su visión artística. Esa mezcla cultural definió posteriormente su sonido y su manera de entender la composición.
Tras su regreso a La Florida, donde tiene su base de operaciones, el músico conversó con Human Press, en una charla en la que repasó el surgimiento de la banda Fulano de Tal en Miami durante los años noventa, una etapa que ayudó a consolidar un sonido diferente dentro del rock latino hecho en Estados Unidos. Más adelante, su carrera evolucionó hacia la composición para otros artistas y hacia proyectos más experimentales como Real Artificial y Vice Versa, donde mantiene una constante búsqueda artística. A casi 30 años de carrera, asegura que continúa evolucionando y preparando nuevos proyectos, entre ellos un musical inspirado en la vida de su madre.
Elsten, naciste en Cuba y creciste en Nueva York dentro de una familia profundamente cubana. ¿Cómo se construye una identidad musical en medio de esa dualidad desde tan temprano?
“Fui muy afortunado de haber crecido en Nueva York en un ambiente donde la música cubana siempre estuvo presente gracias a mi madre. Ella tenía una colección de discos muy diversa: danzón, cha-cha-chá, son y muchos otros géneros que llenaban la casa de música constantemente.
Además, mi tío, Listoriel Torres, era cantautor. En cada reunión familiar siempre llevaba su guitarra. Aunque se inclinaba más por la música mexicana —rancheras y baladas especialmente—, fue la primera persona que me hizo ver que escribir canciones era una posibilidad real. También fue quien me regaló mi primera guitarra”.
En tus primeros años, antes de cualquier reconocimiento, ¿qué te hizo entender que la música no era solo una inquietud, sino un camino real?
“Siempre digo que me siento muy afortunado porque descubrí mi pasión desde muy joven. La música siempre ha sido parte de mi vida; en realidad, parte de mi alma.
Crecer rodeado de la música de mi país natal y, más adelante, encontrar artistas que transformaron no solo mi manera de entender la música, sino también de ver el mundo, me abrió los ojos. Ahí comprendí que la música no sería simplemente una pasión, sino la fuerza que marcaría mi camino en la vida”.
Tu sonido surge de la convivencia entre lo latino y lo anglosajón. ¿Fue una decisión consciente o una consecuencia natural de tu entorno?
“La verdad es que fue algo muy natural, porque crecí viviendo entre dos mundos. En casa, todo era Cuba: la música, la comida, el idioma y las costumbres. Pero afuera, en las calles de Nueva York, estaba rodeado de música anglosajona.
Artistas como The Beatles, Elvis Presley, Tears for Fears, Paul Simon y muchos más dejaron una huella muy profunda en mi ADN, primero como persona y luego como músico. Fue algo imposible de evitar.
Y claro, cuando finalmente me convertí en músico, todas esas influencias ya vivían dentro de mí. Como artista, soy el resultado de esa mezcla: un verdadero “arroz con mango” musical.
¿Qué influencias marcaron ese primer imaginario musical entre la cultura cubana en casa y el entorno estadounidense en el que creciste?
“La verdad es que son muchísimos los artistas, tanto latinos como anglosajones, que marcaron mi vida y mi manera de entender la música. Desde Beny Moré hasta Elvis Presley, desde Juan Luis Guerra hasta Billy Joel, y de Pablo Milanés a Bob Marley o Celia Cruz.
Y claro, ya mencioné a The Beatles, que fueron realmente mis grandes maestros a la hora de enseñarme, aunque fuera desde la distancia, lo que significa escribir una buena canción.
Con Fulano de Tal entras en un momento clave para el rock latino en Estados Unidos. ¿Cómo nace el proyecto y qué necesidad creativa buscaban responder?
“Cuando me mudé a Miami en 1994, un amigo y socio en Nueva York me recomendó que conociera al productor Rodolfo Castillo. Desde el primer día que llegué a su estudio surgió una conexión profesional muy especial y una amistad profunda que ya ha durado más de 30 años.
En ese momento, Rodolfo estaba comenzando una disquera independiente llamada Radio Vox junto a sus socios Gustavo Menéndez y Daniel Barrocas. Tuve la suerte de que conectaran mucho con mi propuesta como cantautor, y terminé siendo el primer artista firmado por el sello.
Después, todo se movió muy rápido. Lanzamos mi primer sencillo, “Revolución”, bajo el nombre artístico Fulano de Tal, y poco tiempo después nació la banda Fulano.
La verdad es que no sé si en aquel momento estaba buscando una respuesta concreta. Lo único que sabía era que estaba empezando a cumplir mis metas y que quería dejar mi huella como artista y compositor dentro del mundo del rock en español”.
También formaron parte de una generación que ayudó a definir un sonido dentro del rock latino alternativo. ¿Qué crees que diferenciaba ese movimiento de lo que vino después?
“Honestamente, en ese momento yo no era del todo consciente de que con Fulano estábamos creando un sonido nuevo. Creo que mucho tuvo que ver con que todos los integrantes de la banda habíamos crecido en los Estados Unidos, rodeados de influencias más anglosajonas. Y como yo escribía la mayoría de las canciones, naturalmente terminó formándose una identidad musical distinta a la de muchas bandas de nuestra época.
Era un sonido más fresco, visto desde otra perspectiva, diferente a la de las bandas que venían directamente de países latinoamericanos. Creo que justamente por eso logramos algo histórico: convertirnos en la primera banda de Estados Unidos en firmar con un sello internacional como BMG/Sony Music en 1996.
La banda tuvo un recorrido importante dentro de la industria musical. ¿Qué aprendizajes te dejó esa etapa a nivel artístico y profesional?
“La gran lección que me dejó esa etapa de mi carrera fue entender que lo más importante para un artista es ser auténtico y fiel a quien realmente eres. Nosotros nunca pretendimos sonar ni escribir como nadie más.
Claro que mis canciones y la identidad de la banda tenían influencias muy marcadas de los artistas y grupos que admirábamos, pero jamás sentimos que estábamos compitiendo con alguien en términos de originalidad. Todo lo contrario: simplemente estábamos expresando de manera honesta lo que éramos musical y personalmente.
Tras Fulano de Tal, tu carrera toma otro rumbo como compositor e intérprete. ¿Cómo manejas esa transición sin perder identidad artística?
“Cuando terminó la etapa de la banda, al principio me sentí un poco perdido sobre lo que iba a pasar con mi carrera. Fulano se disolvió por muchas razones; una de ellas fue que dos de los integrantes se fueron para formar parte de la banda de Shakira.
En ese momento yo estaba firmado con Warner Chappell Music, y gracias a esa etapa tuve la oportunidad de crecer muchísimo como compositor. Ellen Moraksie, quien era mi supervisora, me motivó constantemente a expandir mis capacidades como escritor. Ella me puso a coescribir con compositores de mucha más experiencia que yo, y así fui aprendiendo el oficio de escribir para otros artistas y entender mejor ese mundo.
Lo más bonito de todo fue que, aun explorando nuevos caminos, nunca perdí mi identidad como artista. Supe combinar mis tendencias naturales hacia el rock y el pop con un universo musical mucho más amplio y popular”.
En tu etapa como compositor, has trabajado para otros artistas de la industria latina e internacional. ¿Qué cambia en tu proceso creativo cuando escribes para otros frente a cuando escribes para ti?
“Honestamente, para mí el proceso siempre ha sido el mismo, ya sea escribiendo para mí o para otro artista. Trato de no pensar demasiado en que tengo que crear una canción específicamente para alguien en particular.
Lo que siempre me ha funcionado como compositor a lo largo de mi carrera es enfocarme simplemente en escribir la mejor canción posible en ese momento. Creo que cuando una canción nace de un lugar honesto, termina conectando mucho más.
Y curiosamente, cuando he escrito directamente con otros artistas, casi siempre sucede lo mismo: llega un punto en que todos decimos “olvidémonos del estilo, del mercado o del propósito” y mejor concentrémonos en crear algo bonito, honesto y que realmente nos guste.
En discos recientes como Real Artificial, exploras una estética más experimental y contemporánea. ¿Qué te motivó a construir ese sonido en ese momento de tu carrera?
“Como artista, siempre he admirado a músicos como David Bowie, Elvis Costello y Juan Luis Guerra, artistas que nunca dejaron de crecer ni de desafiar su propio arte.
Para mí es fundamental evolucionar, experimentar con nuevos sonidos y explorar ideas diferentes. Creo que esa es una de las mejores maneras de mantener una carrera larga y saludable dentro de la industria, pero también de mantenerse vivo creativamente como músico, poniéndose nuevos retos constantemente.
Quiero que el público siempre me vea como un artista que no tiene miedo de encontrar nuevos caminos.
Con Vice Versa profundizas en una mezcla de reggae, rock y raíces cubanas desde una mirada más introspectiva. ¿Qué historia personal o emocional atraviesa ese álbum?
“Vice Versa es un disco al que le tengo muchísimo cariño y respeto. El álbum comenzó a tomar forma antes de la pandemia junto a dos socios y grandes amigos: Emil Temeltas y Raúl Ramírez. La idea era escribir y producir un proyecto que tuviera una unidad tanto en el sonido como en el mensaje de las canciones. En aquel momento habíamos bautizado el proyecto como “Reggae Monks”.
Pero cuando llegó la pandemia en 2020, todo quedó en pausa durante varios años. Después de lanzar mis discos At the End of Love, Nocturno y Real Artificial, volví a escuchar aquellas canciones que habíamos creado con Reggae Monks y sentí que era el momento correcto para terminar el álbum. Me parecía que el mensaje de esas canciones seguía siendo profundo, urgente y muy necesario.
Para entonces, los muchachos de Reggae Monks ya estaban en otra etapa de sus vidas, así que con su apoyo y permiso decidí completar el proyecto junto al productor colombiano JP Gasca. Además, escribí una canción nueva para el disco, “I’ll Protect You”, y así finalmente logramos cerrar el álbum como debía ser.
Tu trayectoria está marcada por la migración, la evolución constante y la búsqueda de identidad. En este punto de tu carrera, ¿hacia dónde sientes que se dirige tu obra?
“Sigo buscando, sigo migrando y me gusta pensar que continúo evolucionando, no solo como artista, sino también como ser humano. Siento que estoy viviendo un momento muy bonito de mi vida.
Este año cumplo 30 años de carrera profesional, y me siento profundamente orgulloso y agradecido por todas las oportunidades que este camino me ha regalado. También por las personas talentosas y queridas que han marcado mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional.
Vamos a celebrar este aniversario con un gran concierto en septiembre aquí en el sur de la Florida, y espero de corazón poder reunir a algunas de las personas maravillosas que han sido claves en mi carrera.
De cara al futuro, tengo varios proyectos muy especiales en mente. Uno de los más importantes es un musical inspirado en la vida de mi querida madre, que por ahora lleva el título Mima.
Y si hay algo que tengo claro, es que jamás dejaré de crear la música que llevo en la sangre.



