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Conmoción por la peor tragedia ferroviaria en España

En el bar La Venta no dejaban de sonar los teléfonos. Una madre llamó a su hija para confirmar que no había realizado este miércoles el viaje que tenía previsto a Sevilla desde Madrid. Nadie contestaba del otro lado. Las manos le temblaban y no pudo sostener el café, que terminó en el suelo. El dueño, José, le dijo que no se preocupara. El alma le volvió al cuerpo cuando su hija le devolvió la llamada para decirle que estaba bien, en casa. Las noticias muestran el impacto entre dos trenes de alta velocidad en Toledo.

Un señor de unos 80 años lee el periódico El País en la edición del martes. Comenta una noticia. La información dice que los trenes de alta velocidad podrían llegar a alcanzar 320 kilómetros por hora. Mientras mira las noticias de la catástrofe en el televisor colocado al fondo. Otro cliente, acodado con una cerveza en la barra, da su opinión en voz alta sobre el accidente. No le dan mantenimiento a las vías. Por aquí pasaban 20 trenes antes y ahora son 50.

 El señor de 80 asiente con la cabeza y dice que obreros de mantenimiento trabajan muchas veces casi en la madrugada cuando terminan las rutas programadas. Otros clientes están pegados al teléfono llamando a amigos y seres queridos.

Estamos en Puertollano, en Castilla La Mancha, la comunidad donde ocurrió el accidente. 68 muertos hasta el momento y 77 heridos, 15 en estado grave. En la estación de Renfe de la localidad hay cerca de 500 personas varadas. El alcalde se reúne con ellos y les asegura otros medios de transporte para que lleguen a su destino. En el bar esta también el corazón de España. Las personas preocupadas no se despegan de las noticias mientras tomen un café, una cerveza o algún bocadillo. La mayoría coincide en que las vías necesitan mantenimiento urgente.

Sin embargo, la catástrofe se debió a un error humano. Un operario dio una orden equivocada. Mortal. Y empezaron a contabilizarse los muertos. Los heridos. En medio del dolor por las pérdidas de vidas, la humanidad. Miles de españoles se vuelcan a hospitales de Castilla La Mancha para donar sangre. Las filas son largas. Muchas personas tendrán que volver mañana porque hoy ya no podrán lograrlo debido al horario establecido por los centros hospitalarios. 

El ministro de transporte, Oscar Puente, dice que ha sido un accidente «inverosímil». Yo pido un segundo “cortado”. José lo prepara con premura. La gente sigue hablando, debatiendo sobre las causas cuando ya han confirmado que no tienen amigos o familiares entre los heridos o fallecidos. El canal La Sexta confirma que todos los partidos políticos han suspendido las campañas programadas para este miércoles en solidaridad con las víctimas. Todos menos Vox.

El presidente Pedro Sanchéz, con traje de campaña, habla al país desde la zona del desastre. Alberto Núñez Feijoo habla desde la sede de su partido. Ambos envían apoyo y solidaridad a los heridos y a los familiares de las victimas. Son protagonistas de la tregua de la palabra. La ultraderecha, por su lado , ha llamado a manifestarse en las calles.

El bar es el mejor termómetro para tomarle la temperatura a España. En pocas semanas serán las elecciones. Y habrá una catástrofe, evitable, gravitando medio de todo el debate. Los familiares de los fallecidos no tendrán tregua para drenar el dolor, que quedará para siempre. Es, en verdad, el dolor de toda la humanidad.

Los servicios de rescate siguen sus labores en la noche. Están tratando de encontrar sobrevivientes y los equipos forenses trabajan en la zona para encontrar causas certeras del choque. Tratan de mirar debajo del abismo de los trenes colapsados. Es muy difícil, dice un bombero. Y acuden también a los perros de rescate. 

El bar está más lleno que de costumbre. Como si las personas fueron a compartir la angustia juntos, para que toque a menos o para que todos puedan sentir en el otro la preocupación por sus compatriotas. Piden un café tras otro. El señor de 80 años dice que en su vida ya ha visto mucho y que el accidente pudo haberse evitado. Las familias de los fallecidos están siendo atendidos por psicólogos y otros especialistas que trataran de mitigar el dolor, el shock, que es el dolor de toda España. De la humanidad. Porque una vida , se sabe, vale por todas.

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